Quimera 352

Una revista de literatura

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Damas chinas (fragmento de novela)

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Escribe Guadalupe Nettel. Foto de Paola de Grenet

Comencé a odiar a la edad de cinco años, cuando la familia de Facundo Martínez llegó al solar. Hasta entonces esa casa antigua de un solo piso y un patio interior había sido exclusivamente nuestra, es decir, de mis padres, mis hermanos, mis tíos y mis primos. Nosotros vivíamos de un lado del patio y mis tíos del otro, de una manera armoniosa, equilibrada. 

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El hombre sirena

Por Samanta Schweblin. Ilustración de Miriam Vázquez Bello.

Estoy sentada en el bar del puerto, esperando a Daniel, cuando veo al hombre sirena mirarme desde el muelle. Está sobre la primera columna de hormigón, donde el agua todavía no llega a la playa, a unos cincuenta metros. Tardo en reconocerlo, en entender qué es exactamente, tan hombre de la cintura para arriba, tan sirena de la cintura para abajo. 

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Corredores de larga distancia

Por Valeria Meiller. Foto de Paola de Grenet  

El día de su cumpleaños, los pasillos y las escaleras están oscuros. También el ascensor detenido, cuya electricidad coincide con la de los espacios comunes y depende de la fase número tres. La mujer cierra los ojos: un chico rubio corre y, sin detenerse, salta una alambrada, colina abajo, para seguir corriendo sobre el fondo de un prado inglés. Cuando los abre, se hubiera enamorado muchas veces de él, de hombres así, rubios con cara de reformatorio, que fuman mucho y contestan siempre mal. Sin embargo, el fin del verano no está lleno de semillas envueltas en papel madera ni esta es una tierra estrangulada por colinas. Pasa a toda velocidad entre las cucharas y las teteras y da vuelta la llave para salir a esperarlo en el cantero del tilo. Pero también para esperarlo antes: atrás, en el misterio de los aniversarios. 

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Nocturno de Los Ángeles

 Una crónica de Valeria Luiselli

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Vuelo 0019 de Nueva York a Los Ángeles, 10.30 am. Después de llamar por teléfono a mi esposo y a mi hija, entro al avión – el pase de abordar firmemente sujetado con la mano derecha, aunque ya me haya memorizado el número de asiento y fila.

Soy la última en abordar. Miro el pasillo largo y estrecho que se extiende frente a mí. La luz blanca, el aire frío y rasposo. Repaso las caras cansadas, anónimas, en su mayoría ni feas ni hermosas. Mientras busco mi lugar la siento: una punzada, casi eléctrica, en la boca del estómago. Luego, un sudor frio en la palma de las manos y en la espalda, a la altura de las lumbares. Conozco las señales.

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Entrevista (mínima) a Sheila Heti

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A lo largo de esta entrevista, Sheila Heti (Toronto, 1976) hablará repetidamente de “Sheila Heti” en tercera persona, como hacen a veces los entrenadores de fútbol y los concejales venidos a más. Pero es porque así se llama la protagonista de su libro, Cómo debería ser una persona (Alpha Decay), una mezcla de novela y libro de anti-autoayuda que ha sido profusamente comparado con la serie Girls, aunque en realidad le debe más a Werner Herzog y a los realities de la MTV.

Por Begoña Gómez Urzaiz

—Debo decirle que es bastante intimidante entrevistar a la Editora de Entrevistas de The Believer. ¿Cuáles son sus filias y fobias en cuanto a entrevistas?

—Suelen ser más interesantes cuando dos personas dialogan, en persona o por teléfono o por Gchat, mi nueva forma preferida de hacer entrevistas. Hay algo en las entrevistas por mail que es demasiado estirado o “actuado”. El entrevistado tiene tiempo para ponerse más autoconsciente. Básicamente, no está bien cuando el entrevistado hace una representación de sí mismo. Tienes que engañar a la persona que entrevistas para que no haga eso. 

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La longitud de los besos

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A propósito de “The Killers”, de Hemingway

Un ensayo de María Negroni

Una decena de páginas, no más, le alcanzaron a Hemingway para narrar los prefacios de un crimen. También para desplegar, con su proverbial velocidad verbal, los recovecos de un mundo ominoso. Publicado por primera vez en 1927 en la Scribner’s Magazine, es decir cuando aún no se había cerrado para el autor el ciclo de la “fiesta parisina”, The Killers representa algo así como una premonición: una invitación a imaginar, a partir de un mobiliario mínimo de escenas, una vida condenada, como todas, a desaparecer.

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No aceptes caramelos de extraños

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Un relato de Andrea Jeftanovic. Ilustración de Paola De Grenet

¿De qué se ríen los vecinos?, ¿acaso no sienten el viento golpear el patio como un perro encadenado? Miro por la ventana después de escuchar, por horas, sus estúpidas carcajadas en medio de las zambullidas en su piscina. Su risa me enfurece. ¿No vieron las noticias? ¿No se dieron cuenta del movimiento frenético que hubo en casa hace unas semanas? No creo que no hayan escuchado mis gritos o hayan olvidado el furgón de la policía con sus balizas disparando rayos en la calle. El tiempo se acomoda distinto entre ellos y yo, más allá de la pandereta de ladrillos. Ellos se han sumergido en la normalidad, yo me he entregado a una búsqueda ininterrumpida para fijar de vez en cuando un rostro.

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